Evento paralelo: Derecho a la tierra, agricultura familiar y ODS

En el marco del Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (FPAN), realizamos el evento paralelo: “DERECHOS DE LA TIERRA Y AGRICULTURA FAMILIAR SOSTENIBLE PARA LOGRAR LOS ODS”.

Participaron Stephanie Burgos, Directora Adjunta en Oxfam América; Laura Lorenzo, Directora del Foro Rural Mundial; Diana Fletschner, Directora de Programa de Landesa; Daniela Savid, Facilitadora de la Iniciativa Tierra y ODS en LAC; Alberto Broch, Secretario General de la COPROFAM; José Adán Rivera, Secretario de Comunicación Política del PDRR; Pamela Cartagena, Directora General del CIPCA de Bolivia. Además, contamos con la moderación de Zulema Burneo, Coordinadora Regional para América Latina y el Caribe International Land Coalition. Compartimos con ustedes algo de lo que se conversó ese martes 6 de julio.

En la apertura, Daniela Savid, Facilitadora de la Iniciativa Tierra y ODS en América Latina y el Caribe, se refirió al objetivo de este evento, “evidenciar y reflexionar sobre las articulaciones entre dos agendas que están estrechamente vinculadas: los ODS y el Decenio de la Agricultura Familiar”. En el cierre concluyó: “Queremos que sea un espacio donde las organizaciones planteen recomendaciones para que los programas de recomposición post COVID incluyan a la Agricultura Familiar desde un enfoque sostenible y resiliente”.

Luego, Stephanie Burgos se refirió a que “la tierra es fuente esencial para la vida. Es protectora de la biodiversidad, la salud y medio de vida. Pero es un bien finito que está sujeto a una feroz competencia para su adquisición, uso y control. Esto lleva al desplazamiento de las comunidades campesinas, indígenas y otros grupos étnicos, violando sus derechos y dificultando aún más su acceso a la tierra y al territorio”.

Compartió cifras contundentes sobre la distribución desigual, que ha venido en aumento en los últimos 40 años. “El 1% de las explotaciones agrícolas más grandes explotan más del 70% de las tierras agrícolas del mundo, suministrando a los sistemas alimentarios corporativos. Mientras que el 84% de las explotaciones son menores de 2 hectáreas y operan solo el 12% de las tierras de cultivo. América Latina sigue siendo el continente con mayor desigualdad en la distribución de la tierra en el mundo y las mujeres sienten las consecuencias más duramente. A nivel global son el 43% de la fuerza laboral en la agricultura, pero son dueñas de menos de 15% de la tierra. La tierra controlada por mujeres suele ser de peor calidad y con menor seguridad jurídica que la de los hombres”.

La pandemia de COVID ha destacado el papel clave de la Agricultura Familiar (AF) para alimentar al mundo. “El 80% de la producción alimentaria en valor viene de la agricultura familiar. En América Latina, el 80% de las unidades productivas son pequeñas explotaciones familiares. En la pandemia se ha valorado más la producción local, ya que es más cercano al consumidor y respetuoso del medio ambiente, y ofrece alimentos acordes con una dieta saludable. La agricultura familiar nos da sistemas agrícolas altamente dinámicos, biodiversos y adaptables”.

La Directora Adjunta en Oxfam América, concluyó: “Ahora más que nunca es necesario fortalecer la agricultura familiar a través de políticas públicas, como una forma importante de construir resiliencia alimentaria en tiempos de crisis”.

Los ODS y el Decenio de la Agricultura Familiar

Entre el 2019 y el 2020 se dio un incremento de la inseguridad alimentaria del 19%. Hay 44 millones de personas con inseguridad alimentaria moderada o grave. En este contexto, existe un enorme potencial en la AF para liderar los ODS.

Laura Lorenzo, Directora del Foro Rural Mundial, explicó que en la AF es más eficiente la producción de alimentos, uso y gestión de los recursos naturales (84% de las granjas familiares de menor tamaño –menos de 2 hectáreas- gestionan el 12% de los terrenos agrícolas, pero producen el 36% de los alimentos). Tienen una contribución directa a la lucha contra la pobreza; generan producciones más sanas, de calidad, culturalmente aceptadas y agroecológicas y tienen un papel fundamental en la lucha y mitigación frente al cambio climático.

Lorenzo aseguró que en este contexto, el Decenio de las Naciones Unidas para la Agricultura Familiar (DNUAF) es fundamental para alcanzar los ODS. Coloca a los agricultores familiares como agentes del cambio; moviliza el compromiso de los actores para alcanzar el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones; promueve acciones integradas e intersectoriales, específicos en Planes Nacionales de AF con dimensiones ambiental, económica y social del desarrollo rural; ayuda a identificar los nexos entre los ODS, para priorizar las acciones y reducir el riesgo de que las intervenciones sectoriales se debiliten mutuamente; potencia la multidimensionalidad de los agricultores familiares para trabajar en la consecución de múltiples ODS y promueve fortalecimiento de capacidades, intercambio de conocimientos y el diálogo político como base para formular acciones y estrategias impactantes para alcanzar los ODS.

Impulsando los ODS para garantizar los derechos a la tierra para todos y todas

Por su parte, Diana Fletschner expresó que “si miramos los informes nacionales, que son la herramienta para que los gobiernos se luzcan, vemos que el avance es mínimo [en cuestiones de tierra]. La base de datos de los indicadores no tenía prácticamente nada y lo que había no reflejaba el espíritu de los indicadores. Esto a nivel global, América Latina sigue el mismo patrón. La gran mayoría no reportó nada sobre tierra, los que sí lo hicieron, diluyeron el compromiso cuando se hizo el proceso de nacionalización de los compromisos. Otros reportes no son claros, entonces es difícil juzgar esos esfuerzos”.

Además afirmó que “nuestro grupo decidió que era importante poner atención en la tierra porque los esfuerzos se iban a otros sectores y nos interesa elevar el tema tierra dentro de los ODS y lo que hicimos fue desarrollar una serie de cuestionarios que hacen preguntas muy concretas para saber si el gobierno tiene alineación con los compromisos, si hubo avance o expansión de programas que se relaciona con este compromiso y si tienen datos, cuáles son o que está haciendo para tenerlos”.

“Si bien no hay lo que hace falta para lograr los compromisos, sí hay pequeños avances desde la sociedad civil”, concluyó de manera esperanzadora la Directora de Programa de Landesa.

El impacto de la pandemia en la Agricultura familiar del Cono Sur y recomendaciones para fortalecerla en la década de acción de los ODS

Después, Alberto Broch, Secretario General de la COPROFAM (Confederación de Organizaciones de Productores Familiares del Mercosur Ampliado), hizo referencia a los impactos de la pandemia en el crecimiento económico y cómo las previsiones son de una lenta recuperación de los países latinoamericanos, pero impulsada por las exportaciones de cobre, mineral de hierro y granos, cereales y carne. “Esto significa que la agricultura familiar campesina e indígena se verá aún más presionada y afectada por las grandes empresas mineras y el agronegocio, exacerbando las disputas y generando más conflictos y violencia por la tierra para producir granos para la exportación y territorios para la exploración minera”.

Estos impactos ya son visibles en Brasil, Paraguay, Argentina y Perú, por ejemplo, donde la violencia ha aumentado como resultado de los conflictos por disputas de tierras – generalmente por parte de grandes agricultores y empresas agroindustriales- y por parte de grandes empresas mineras que buscan zonas con minerales para su explotación (hierro, cobre, litio, oro, etc.).

Explicó que no tienen aún diagnósticos precisos capaces de medir los impactos de COVID-19 en los ingresos de la AF. Sin embargo, estudios recientes realizados en Brasil por universidades públicas del sur y del sureste de Brasil (UFRGS y FESC) indican que, para 2020, los agricultores familiares de estos Estados habían sufrido una caída del 39% y del 42% de la renta familiar, debido a la suspensión parcial o total de sus actividades productivas. Para sobrevivir y hacer frente a sus deudas, la mayoría de las familias han tenido que vender activos y utilizar sus ahorros. Esto significa que hoy están descapitalizados, son más pobres y muchas familias están en situación de miseria y hambre.

Además, enumeró medidas y políticas que podrían mejorar la situación socioeconómica de nuestros agricultores familiares y para finalizar destacó que “los gobiernos tienen dos importantes mandatos de la ONU: la Agenda 2030 de la ODS y la Década de la Agricultura Familiar. Con estos mandatos, los gobiernos pueden ajustar, mejorar, ampliar las políticas públicas existentes o desarrollar e implementar nuevas que promuevan el desarrollo rural sostenible, inclusivo y equitativo en el campo. Es la única manera de que los gobiernos logren los objetivos de la Agenda 2030 de los ODS. Para ello, es necesario que asignen recursos presupuestarios, mejoren los servicios de comunicación, la investigación, las tecnologías y la asistencia técnica directa a los agricultores familiares”.

El impacto de la pandemia en la Agricultura familiar de Centro América y recomendaciones para fortalecerla en la década de acción de los ODS

José Adán Rivera, Secretario de Comunicación Política del PDRR (Programa Diálogo Regional Rural), también destacó el rol fundamental de la AF en la alimentación del país, “el problema es que tenemos un sistema perverso y por más que trabajemos, los agricultores no ganamos valor, las ganancias se las llevan las empresas”.

Se refirió a una propuesta que realizaron en el marco del DNUAF, un documento con propuesta de políticas públicas para los gobiernos, “y fue tan contundente que las implementaron. Este documento es el PAFCIA, y el logro más importante es que lo sembramos en la región”.

Agregó: “Demostrando la capacidad que tenemos. En estos últimos meses hemos logrado que se aprueben leyes en El Salvador, Panamá, Honduras, Nicaragua. Ahora, queda que se asignen los presupuestos y que se implementen”.

“Necesitamos que se hable menos y que se hagan acciones. Que se midan los recursos financieros que se disponen para la AF en el mundo, que adoptemos la agroecología como la respuesta integral y acelerar el proceso de retorno al campo. Producir y consumir productos saludables y acelerar la conexión entre consumidores y productores”, concluyó.

El impacto de la pandemia en la Agricultura familiar de los países andinos y recomendaciones para fortalecerla en la década de acción de los ODS

En el cierre, Pamela Cartagena, Directora General del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) de Bolivia, alertó sobre varias cosas que están vulnerando a la población indígena y campesina: el decrecimiento de la población rural en los 4 países de la región; asumir a indígenas y campesinos como proveedores de alimentos y a los territorios como fuentes inagotables de materias primas; fragilidad de los sistemas de salud y de la economía en el mundo rural; los ingresos de la población campesina e indígena son los más bajos en la región y la vulneración de derechos territoriales e implantación de un modelo extractivo.

“La condición de megadiversidad de los países andinos es fundamental para enfrentar los desafíos planteados en los ODS, en materia de seguridad alimentaria y pobreza. El mundo rural y sobre todo la AF genera la mayor cantidad de empleos (9 de cada 10 personas). Provee la mayor cantidad de alimentos diversificados para el consumo (80% según las FAO) y genera bienes intangibles”, explicó.

Concluyó: “Hay que valorar el aporte de la AF en la alimentación, hay que garantizar el derecho a la tierra y el territorio para su producción. Desenmascarar las nuevas formas de acaparamiento. Hay que incentivar el consumo interno. Los gobiernos deben reconocer la importancia de la AF en términos de población que está involucrada, deben dejar de lado el discurso político, la política social y la retórica respecto a la AF y ser coherentes. Valorar en su verdadera dimensión el aporte de la AF a la provisión de alimentos, se requieren políticas de fomento en diferentes niveles”.

Al finalizar, la ilustradora Juliana Serrano, de AMAZINK! STUDIO, compartió la facilitación gráfica que resume todo lo conversado.

Aquí pueden ver el evento completo